Cómo Actuar Ante Una Quemadura Solar

Ante la llegada del buen tiempo, los planes estando al aire libre y disfrutando del sol se multiplican. De la misma manera, y a pesar de que utilicemos fotoprotección solar, esta puede ser insuficiente si no la reaplicamos cada 2 horas o utilizamos una crema solar con un SPF insuficiente para nuestro fototipo de piel.

Muchos de vosotros os habéis acercado a la farmacia para consultarnos sobre productos para rebajar el picor y la inflamación de vuestra piel después de haber sufrido una quemadura en vuestra piel, y ante esta situación, he decidido escribir este post para ayudaros y guiaros en este tipo de situaciones.

 ¿Por qué nos quemamos?

La capacidad de la melanina de proteger la piel de la luz ultravioleta es limitada y diferente según cada tipo de piel. Los fototipos de piel clara son más vulnerables a este tipo de radiación, mientras que la cantidad de melanina de los fototipos de piel oscura es mayor, y por tanto, toleran una mayor exposición al sol sin desarrollar una quemadura. En cualquier caso, si excedemos esta capacidad protectora de la melanina, aparecen quemaduras en la piel.

Según el grado de intensidad de la quemadura, los síntomas pueden ser desde un leve enrojecimiento de la piel, a un enrojecimiento severo de la misma, sensibilidad, dolor, hinchazón… En general se tratan de síntomas temporales que desaparecen con el paso de los días, pero es importante destacar que las consecuencias de este daño solar son permanentes. Los efectos negativos de las quemaduras solares tienen consecuencias a largo plazo, como por ejemplo el desarrollo de cáncer de piel y el envejecimiento prematuro de la piel.

 ¿Cómo tengo que actuar?

Ante una quemadura solar lo primero que tenemos que hacer es evitar, sea como sea, la exposición al sol. Se aconseja el uso de ropa holgada y de algodón, aplicar crema hidratante y frío local para aliviar el ardor y el dolor, hacer baños o duchas con agua fría y beber mucha agua para recuperar la hidratación del cuerpo. En caso de aparición de ampollas, no se tienen que manipular ni explotarlas, puesto que podrían infectarse.

Pasadas las primeras 48 horas después de la quemadura, las molestias empiezan a remitir y acabarán desapareciendo pasados unos días. Sin embargo, el daño solar está hecho y es irreversible. Está demostrado que hay una relación directa entre la fotoexposición y el desarrollo de cáncer de piel. El melanoma está estrechamente vinculado con las quemaduras solares, sobre todo en la infancia.


Por este motivo, no tenemos que olvidar la premisa básica: no quemarse. Y para no quemarse basta con unos buenos hábitos de fotoprotección, que se resumen en:

  • Evitar la exposición al sol a las horas de mayor intensidad (de 12h a 17h). En caso de estar en el exterior, buscar la sombra.
  • Utilizar ropa que cubra al máximo nuestro cuerpo.
  • Utilizar sombrero o gorra que cubra bien nuestro cuero cabelludo y proteja la cara, la nuca y las orejas.
  • Aplicar fotoprotectores solares adecuados al tipo de piel y a la actividad a realizar. Es recomendable adquirir el hábito de aplicar fotoprotector en la cara cada mañana. A partir de aquí, reforzarlo y aplicar de forma generosa a las zonas descubiertas cuando se realice una actividad en el exterior. No olvidar repetir la aplicación pasadas unas horas.

En días nublados, la radiación ultravioleta también tiene un efecto directo en nuestra piel, puesto que las nubes no la cubren íntegramente. Por eso, no tenemos que olvidar estas medidas todo el año, también en días nublados.

La fotoprotección en la infancia es especialmente importante, puesto que los daños sufridos en los primeros años de vida son los que más consecuencias negativas tienen. Así pues, tenemos que ser muy estrictos con la fotoprotección de los niños y enseñarles unos buenos hábitos de fotoprotección que se instauren y propaguen en las siguientes generaciones.