Cuida Tu Piel Mientras Trabajas

Pasamos muchas horas trabajando en lugares cerrados con calefacción o aire acondicionado y falta de humedad. Y nuestra piel, como es obvio, se resiente. Te dejamos con algunos consejos prácticos para luchar contra la sequedad e irritación de la calefacción y la carencia de humedad de los lugares cerrados.


  • Busca una correcta hidratación de la piel con un cosmético hidratante. El aire acondicionado disminuye la temperatura extrayendo humedad del ambiente, creando un microclima seco y frío. El intento de equilibrar la temperatura y humedad de nuestro organismo ocasiona una pérdida de líquido y deshidratación de la piel. Recuerda que debes ser especialmente constante con las áreas de piel expuestas: cara, cuello, escote y extremidades. Conseguir una piel correctamente hidratada le aporta luminosidad, elasticidad y mejor aspecto; no es solo una cuestión estética, previene la aparición de infecciones y eccemas.


  • Antes de hidratar tu piel, debes limpiarla con limpiadores suaves que se caractericen por tener un PH no alcalino.


  • Hidrata tu piel también desde el interior. Tu piel necesita la ingesta diaria de 2-3 litros de agua, una dieta equilibrada en frutas y verduras, que aporta abundantemente agua y antioxidantes y evitar el consumo de tabaco y estimulantes. Los hidratantes para pieles grasas no tienen que contener aceites y tienen que estar compuestos por substancias no comedogénicas, que incorporen agua y propilenglicol como base hidratante.


  • La piel sensible expuesta en entornos con aire acondicionado/climatizador, notará además de sequedad, picor y enrojecimiento. Evita cosméticos con sustancias que favorezcan la renovación celular y utiliza aquellos que contengan substancias calmantes.


  • Debemos controlar, en la medida de lo posible, los múltiples contaminantes que agreden la piel y que se pueden encontrar en entornos laborales con aire acondicionado/climatizador: agentes químicos (formaldehído, compuestos orgánicos volátiles, polvo, fibras, dióxido de carbono…), agentes biológicos (bacterias, hongos, toxinas, ácaros…), y agentes físicos (humedad relativa, ventilación, ambiente térmico…)


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