Mocos, Imprescindibles En La Salud De Nuestros Hijos

Los mocos y las flemas son dos de los problemas de salud infantil que más preocupan a los padres. Lo primero que debemos saber es que no son problemas graves y, de hecho, hay que tener claro que los niños los sufren de manera repetida a lo largo del año. Esto es así ya que los mocos son necesarios: ayudan a limpiar las vías respiratorias, y por tanto, ¡tienen que estar ahí!

 

Para ayudarles contamos con diferentes herramientas. El lavado con suero es la principal, aunque tampoco hay que olvidar que tener unos hábitos saludables, como seguir una dieta rica en fruta y verduras o respirar aire puro ayudarán los niños a prevenir las complicaciones de las vías respiratorias.

 

Todo lo que hay que saber sobre ellos 

Los mocos y las flemas no tienen tratamiento, y esto siempre ha estado así. El hecho de que los mocos de nuestros hijos sean verdes no indica necesariamente que se haya de prescribir antibiótico. Lo que ha cambiado en estos últimos años es que las infecciones víricas son mucho más frecuentes y se diseminan mucho más fácilmente entre los niños por la escolarización temprana, el humo del tabaco y otros factores. Las complicaciones de estas infecciones también son mucho más frecuentes en la actualidad y esto aumenta la preocupación de los padres, así como el miedo que los mocos “se bajen al pecho”.

 

Serán sus compañeros durante todo el año 

Con excepciones, el niño estará con mocos todo el año a excepción del verano. Hasta ahora, lo único eficaz y sin efectos secundarios es el lavado con suero fisiológico y la hidratación. El suero fisiológico descongestiona la nariz y las fosas nasales, y disuelve el moco acumulado en la garganta. También mejora el funcionamiento de los mecanismos encargados de transportar la mucosidad hacia afuera. El niño, pues, respira y come mejor, y en un niño con afectación de las vías respiratorias bajas es indispensable que pueda respirar bien por la nariz para no empeorar su dificultad respiratoria.

 

El suero fisiológico se le puede administrar siempre que haga falta, pero sin obsesionarse. Se puede hacer, por ejemplo, antes de las tomas de alimento para que pueda respirar bien o antes de ir a dormir, si le despiertan los mocos. Si el niño está bien y los mocos no le molestan, no hay que hacer lavados de manera sistemática.